NO ENTIENDO LA MASCULINIDAD DE DIOS

No entiendo porque todos quieren estar revueltos. De veras no entiendo el desespero de los hombres por hallar el amor, se pasan la vida con el temor errante de encontrarse solos, encarnan la seguridad en compañía, la estabilidad como una rutina condicional que no da espacio a la desemejanza, que no deja ninguna rendija destapada por donde puedan colarse las pasiones.
No entiendo la cacería a no ser que sea por expresa supervivencia. No entiendo los te amo que se dicen y tampoco los que se callan, no entiendo el gusto sin miradas o el sabor sin tacto; hay más fobias y amor en el silencio que en las palabras de un enamorado, es el silencio un mar, la profundidad de un mar invisible, inaccesible, y las palabras, todo lo que pueda decirse está al mismo margen de la mentira.
No entiendo el pudor en el sexo y tampoco las lluvias con sol radiante. No entiendo el auspicio de los corazones en el noviazgo, no entiendo de lágrimas incesantes si es cierto que los cocodrilos lloran todo el tiempo.
No entiendo los besos sin electricidad ni los orgasmos antes de 76 impulsos, no entiendo la infama del vello púbico, ni las lenguas que no lamen sudor, ni los pájaros que nacen mudos, ni la gravedad en los senos, ni las abejas que mueren en arranques de euforia, ni los títulos que sellan el compromiso, ni el compromiso en la juventud. No entiendo -62 modelo para armar-, ni al mártir de san pacho, ni ver volar mariposas en la ciudad, ni el chantaje por sexo, ni la vulva como instrumento, ni la luz golfante de las luciérnagas, y mucho menos entiendo a donde iba a parar a todas estas. 

by Rene Gruau


CONTRACCIÓN

 Aun rodeada de un culto de voces,
de voces reales, de ritmos, tonos agudos y graves,
puedo sentir con fina ligereza, el unísono de mis latidos.

El corazón que retumba con frenética continuidad,
casi como una rutina de reivindicación de los segundos
o una burla de acordes al tiempo mismo.

Es la vida un campo de ovejas y ratas mansas
arboles, aves, hormigas y liebres
todos de un corazón melodioso
todos escuchando con generosa atención sus latidos.

Yo desde aquí, con la noche,
como un pardal del silencio,
distingo con argucia el retumbar autentico de otro pulso,
otro corazón, igual de sangriento;
viene de ahí, de ese desdeñado cuerpo varonil
embriagado, mal amado,
medianamente consumido,
justo el tipo de miserables que me cautiva.

¡que horror!.., ¡que amor!.
El latido se me ha vuelto un sosiego mordaz,
Le amo,
y el latido se me ha vuelto un nervio palpitante,
que mayor desconsuelo tener que acallar a golpes de eco
la atracción arcana de dos seres
dos cuerpos sangrantes, amantes,
dos sentires siniestros.


HERMÉTICA

La soledad se me ha metido hasta los tuétanos,
solo hasta hoy nos había faltado el sexo.
Que bienaventurada, dichosa, oportuna eminencia.
Ahora sabe la soledad dónde puede tocarme
como un impulso anfetamínico
puede malear cualquier sentimiento.
Es la soledad una extraña forma de amor embebido
una extraña perversión de la alegría
una embriaguez sórdida de la cordura
un recinto poblado de dicha y agonía.

Ilustr: Mallory

MEMORIAS DE AURORA

Aurora sintió una fuerte contracción en el pecho, su puño derecho se aferró con violencia sobre su seno izquierdo, como tratando de impedir que el dolor fuera más recurrente o que su corazón saliese disparado dejándola en una completa desolación.

Se recostó sobre la única mesa que había en la vieja casa de Adriano, un comedor que hacía las veces de escritorio, justo el bufete de donde salían los más hermosos y apasionantes poemas.

Adriano acababa de confesarle que estaba comprometido en matrimonio con la hija del alcalde. Era un compromiso arreglado entre las familias, tal vez, remolcados por los caprichos de Mariela, como ha de llamarse su prometida, por conseguir la atención de un joven y atractivo escritor. Y por otra parte la familia de Adriano, que encontraba oportuno el compromiso para solventar la situación económica y hallar tratamiento a las fiebres matutinas de su madre.

-                 - Pero habéis de saber mi amada Aurora, que no es mi corazón quién consiente tan desafortunada unión, este, mi corazón, tiene un compromiso eterno con el amor que te profesa, puro, voluntario y perpetuo, eres tú mi amada, la única diosa de este palacio atrincherado.  

Aurora estaba sumida en un profundo silencio, solo las lágrimas que brotaban vividas de sus ojos daban constancia de su permanencia en este mundo. No había sentido un dolor tan punzante en toda su vida. Estaba devastada. Se sentía traicionada por el único hombre a quién había permitido reconocer todos los rincones de sus sueños y realidades.

-                                 - Ahora mi adorado Adriano, habéis descubierto el último de mis secretos. Ahora sabéis con detalle lo que puede destrozarme sin la consideración de estar viva. Ese mismo amor que alimenté de tus sentidos poemas, que llegaba como una dichosa creciente en cada una de nuestras cartas, es como si retrocediera en forma de flecha directo a mi corazón. Oh mi adorado Adriano, me voy quedando sin aliento, y ni siquiera el roble más alto podrá alimentarme de su oxigeno.

Adriano se acercó con cautela, tomó la mano derecha de Aurora entre sus dos manos y la llevo con ternura hasta posarla sobre su pecho. Las miradas bastaban por ahora, la tristeza en los rostros daba fe del infortunio que padecían, ambos de diferente manera, pero seguros de estar nadando en el mismo lago de desventura y dolor.  

             - Dime, mi adorado Adriano, ¿qué hacen las personas en tú mundo para librarse de tan carnicero amor?... Podrías responderme mi amado, ¿cómo haré de llegar los poemas que hasta hace muy poco las palomas te traían en un envidiable vuelo de libertad?... ¿habré de mandarlos ahora con las ratas por la alcantarilla ensuciando mis palabras y condenando nuestros encuentros a los rincones más oscuros de la ciudad?...

             - Oh mi amada Aurora, si ha de existir un arma más letal que el mismo amor deseo tomarla ahora, y suprimir en este instante los años que han de venir llenos de desdicha.
Abrázame fuerte mi amada y prometo dejar mi corazón junto al tuyo, y a partir de ahora no ser nadie, no ser nada.

Ilustr:  Katerina Shtanko