No entiendo porque todos quieren estar revueltos. De veras no entiendo el desespero de los hombres por hallar el amor, se pasan la vida con el temor errante de encontrarse solos, encarnan la seguridad en compañía, la estabilidad como una rutina condicional que no da espacio a la desemejanza, que no deja ninguna rendija destapada por donde puedan colarse las pasiones.
No entiendo la cacería a no ser que sea por expresa supervivencia. No entiendo los te amo que se dicen y tampoco los que se callan, no entiendo el gusto sin miradas o el sabor sin tacto; hay más fobias y amor en el silencio que en las palabras de un enamorado, es el silencio un mar, la profundidad de un mar invisible, inaccesible, y las palabras, todo lo que pueda decirse está al mismo margen de la mentira.
No entiendo el pudor en el sexo y tampoco las lluvias con sol radiante. No entiendo el auspicio de los corazones en el noviazgo, no entiendo de lágrimas incesantes si es cierto que los cocodrilos lloran todo el tiempo.
No entiendo los besos sin electricidad ni los orgasmos antes de 76 impulsos, no entiendo la infama del vello púbico, ni las lenguas que no lamen sudor, ni los pájaros que nacen mudos, ni la gravedad en los senos, ni las abejas que mueren en arranques de euforia, ni los títulos que sellan el compromiso, ni el compromiso en la juventud. No entiendo -62 modelo para armar-, ni al mártir de san pacho, ni ver volar mariposas en la ciudad, ni el chantaje por sexo, ni la vulva como instrumento, ni la luz golfante de las luciérnagas, y mucho menos entiendo a donde iba a parar a todas estas.
by Rene Gruau



